A muchos tutores les nace cargar a su peludito como si fuera un bebé. Es un gesto de cariño, protección y cercanía. Pero hay algo importante que a veces pasamos por alto: el cuerpo de un perro no está diseñado para mantenerse en posición vertical por periodos prolongados.
La estructura de su columna está pensada para una postura horizontal. Su peso se distribuye en cuatro patas, no en dos. Cuando lo cargamos erguido, con las patas delanteras hacia arriba y el resto del cuerpo colgando, la espalda soporta una presión para la que no está preparada. Si esto se vuelve frecuente, puede generar molestias musculares, tensión en la zona lumbar e incluso agravar problemas articulares preexistentes.
Ahora bien, cargar a un peludito no es malo en sí mismo. Hay situaciones donde es necesario y responsable hacerlo: cuando es cachorro y aún no completa su esquema de vacunación, si está enfermo, si se está recuperando de una cirugía, si es muy mayor o si existe un riesgo en el entorno, como tránsito intenso o superficies peligrosas. La clave está en cómo lo hacemos.
La forma correcta de cargarlo es manteniendo su columna alineada y su cuerpo lo más horizontal posible. Una mano debe sostener el pecho, justo detrás de las patas delanteras, y la otra debe apoyar la parte trasera, sosteniendo el peso de las caderas. Así evitamos que el cuerpo quede suspendido o que la espalda se arquee.
También es importante observar su reacción. Si se tensa, intenta bajar o se muestra incómodo, es una señal de que algo no está bien.

Nunca levantes a tu perro por el cuello y por las patas ya que puedes lesionarlo.
Como alternativa, en lugar de cargarlo por largos trayectos, podemos optar por entrenarlo para caminar con seguridad junto a nosotros, usar arneses adecuados que distribuyan mejor la presión o, en casos específicos, utilizar transportadoras diseñadas para su tamaño y peso.
Antes de levantarlo, vale la pena preguntarnos: ¿lo estoy cargando porque realmente lo necesita o porque yo quiero hacerlo? Esa pequeña reflexión cambia la forma en que cuidamos su cuerpo.
Querer proteger a un peludito es natural. Hacerlo respetando su anatomía es una forma más consciente de demostrar amor.